Ya hacia el final todo le pareció reducible, la historia que se escribió hace 56 años cuando ni tan siquiera se conocían los comunicadores de Star Trek (luego inspiración para los móviles “flip”) vive hoy en muchos lugares, entre repisas y teléfonos. Vive en diferentes copias en diferentes ordenadores y como inspiración a una película icónica. La tipografía en incontables copias de libros usados y versiones nuevas, cada una inconsciente de un paralelo digital el cual no lleva notas o páginas rasgadas. Son las mismas palabras, oraciones, frases, párrafos pero no huelen a manos incansables ni tienen su propia historia. En común sólo tenían su origen, su madre artística que las unía y pudo ver su evolución desde meros trozos de árbol procesado a una cuasi realidad alterna basada en la efímera excitación de transistores y sectores magnéticos microscópicos donde nunca cayó una lágrima por accidente.
El día antes de morir, recibió un mensaje, una confrontación que hacía eco en una parte de su memoria donde vivía la idea original, el germen que desató la historia antes de haber nacido codificada en palabras. Era una correo, más bien un correo moderno electrónico que le informaba: “Mockingbird has sold ___ copies ___ of them are digital”
Con esto buscaban animarle en sus últimos días, con la idea de resaltar el concierto entre ella y tanta gente, con que su soledad relativa era más bien ilusoria y en la especulación de los académicos de saber de dónde vino la idea para su libro (no la trama sino la idea misma la cual siempre guardó como un secreto) se formaban mil solipsismos de mil cabezas.
El origen verdadero, un mero sueño, fue un recuerdo de su niñez. Un sueño recurrente donde el ruiseñor que la acompañó todo un verano reaparecía por un momento pero en lugares diferentes; ya no en su casa en el campo sino en el pueblo, la ciudad, incluso donde quemaba el asfalto y no habían otros pájaros a esa hora, allí, en esos lugares inesperados se posaba el ave unos segundos y traicionaba su dilema. Desde allí, ese lugar que ahora eran tantos lugares, se organizaba todo, y su persona misma como adulta en ocasiones no quiso ser más que un retrato de la ausencia de aquella pequeña ave.
Mucho puede cambiar pero el principio y las imágenes primordiales (esas que traicionan nuestra universalidad) rara vez cambian, algunos teorizan que estas pasan por nuestra mente de manera subconsciente en todo momento (tal vez incluso se repiten parpadeando casi constantemente) y que entonces son como una constante del carácter que influye en todo cuanto decimos y hacemos. Pensó por tanto que de ser así, sus recuerdos y la dureza de una vida interior ya no eran una carga ni razón para desterrar imágenes dolidas. No había tanta diferencia después de todo, y de esa manera, la vida no se diferenciaba tanto de la escritura de un libro.
Friday, February 19, 2016
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